Veníamos de pasar el susto reciente de la liguilla de promoción librando de un nuevo descenso y recordábamos aún lo amargo de haber vivido la Segunda División y el haber jugado en los 'potreros' del sur de Chile. Los grandes se forjan en los momentos difíciles y es requisito para ser fuerte en la vida. La verdadera quiebra económica amenazaba con hacernos desaparecer, no entendíamos por qué, teníamos todo para ser sólidos, para tener al menos una casita propia y algún título más desde la ya lejana época del Ballet Azul.

Resumiendo, no teníamos nada, versus lo gigante y lejano que veíamos a los del frente, ya campeones de América, mientras nosotros luchábamos por no desaparecer y no volver a jugar en esas canchas de tierra y malezas. Pero a finales del 91’ hubo una elección democrática que eligió a Orozco como nuevo mandamás azul, algo lejano a lo que estábamos acostumbrados desde la creación de la Corfuch.

Llegaba un hombre del área de la salud a dirigirnos, y teníamos la humilde esperanza de que no nos robara como casi todos los anteriores que nos tocaron. Sólo se pedía eso, que no robara, algo tan básico en los valores humanos. Sólo eso necesitábamos para dejar atrás ese maldito fantasma que nos amenazaba con hacernos desaparecer del mapa futbolístico.

La “U” llevaba años así, sobreviviendo. Vivíamos sólo para seguir existiendo, no teníamos nada, sólo hinchada y gente fiel. Eran tiempos en los que empatar de local no nos hacía enfurecer, como sucede ahora que prácticamente se considera un delito y se piden cambios de dirigencia y cuerpo técnico. En ese entonces, si bajaba un ángel y nos ofrecía firmar un empate, firmábamos el papel sin pensarlo, fue una época necesaria para volver a ser grandes después de la década de los 70`, el gobierno militar y la prensa intervenida por éste. Para ser realmente un grande hay que empezar de lo más duro, vivir situaciones dolorosas y si es necesario sentir el agua fría en la ducha del camarín, tal como un día escuché a Mariano Puyol contar las penurias que vivía la "U”.

Comienzos del 92’, no sé si para el resto, pero yo que era un niño, respiraba algo distinto en el aire azul. El año 92’ comenzaba encabezado por el nuevo presidente, y Arturo Salah, hombre conocido por su orden. Con poco dinero se trajeron los jugadores necesarios para cada puesto, no para ser campeón pero sí para volver a hacer un papel digno en el torneo nacional. Llegó un arquero argentino desde Ecuador, que había sido banca en su país, además llegó la experiencia de un ex mundialista paraguayo para afirmar la defensa y un hombre que, propenso a las lesiones y jugando poco se le recuerda hasta el día de hoy. Sergio Vargas, Rogelio Delgado, Luis Abarca, Cristian Romero, Ariel Beltramo y Eduardo Gino Cofré, humildes refuerzos que tenían como misión hacer un digno papel y sacarnos las burlas acostumbradas.

Ese año 92 fue distinto, nos acordamos de un color oscuro en la camiseta y del slogan "La Nueva U" y hasta de un programa de televisión que esperábamos con ansias. El proceso empezó empatando con Colo Colo en una copa de Apertura, como presagio de lo que podía venir, y después para ir cimentando las creencias, seguíamos ganando a otros equipos por la misma copa; entre esas victorias una mágica revertida de dos goles en contra en Antofagasta en los últimos cinco minutos de partido, como un león dormido que despertaba de su larga siesta. Algo había cambiado.

En el mercado apareció la camiseta, esa azul oscuro que marcaba el cambio de generación, nos podíamos vestir con ella para ir a ver a los azules al Nacional, luciéndola con orgullo en las micros. El Estadio Santa Laura ese año también estaba quedando atrás y el Nacional pasaba a ser la casa principal. Veíamos como un nuevo arquero traspasaba con personalizad la mitad de cancha para lanzar un tiro libre mientras daba indicaciones a todo el plantel, ordenando y mandando al que estuviera delante, algo distinto a lo acostumbrado. Llegaba también un delantero espigado, de pelo castaño y desordenado con los ojos achinados, un delantero de esos que por su altura no son de gambetear velozmente, pero pueden disparar al arco fuertemente en cualquier momento o alejar a un defensor con ayuda de su físico, lo vimos festejando en las colchonetas de atrás del arco sur y cayendo sobre ellas como si estuviera en los Juegos Olímpicos. Algo cambiaba y al parecer iba a durar un tiempo largo, las burlas se alejaban y llegó toda una generación nueva al estadio, haciendo crecer la hinchada ubicada tras el arco sur. Una nueva mística estaba forjándose, ahora ser de la “U” volvía a ser sinónimo de esperanza. Al parecer el nuevo presidente iba cumpliendo con el único requisito que pedíamos.

El 12 de Julio de ese año, de la mano del mencionado delantero y arquero se humilló al más odiado rival que se regocijaba en burlas con cada derrota azul. Volvíamos a soñar, y Eduardo “Gino” Cofré junto a Sergio Bernabé Vargas se canonizaban de santos azules, sus milagros, hacerle dos golazos al contrario y atajar un penal clave en doble instancia con rabona incluida del pateador.

Fue un año distinto, el inicio de la esperanza, el inicio de una nueva mística en azul oscuro, como esa nueva camiseta…

David Marambio (V.Andolini)